lunes, 11 de febrero de 2013

...Y no lo sabías

Tienes los ojos oscuros y brillantes custodiados por tus cejas tan espesas como tu pelo, la sonrisa amplia, límpida, labios divinos delineados, el cuello delgado, las clavículas prominentes, senos pequeños, tímidos apenas visibles sobre tus ropas, dorso angosto y frágil, bellas caderas, brazos y piernas firmes, pies pequeños... Eres hermosa y no lo sabes...

Eres tímida para reírte y para hablar, de hecho hablas poco, pero cuando lo haces invades con tu luz e irrumpes en el silencio, que tú no lo sabes, pero se muere por escucharte.

La gente te mira y opina que eres tierna, hacendosa, servicial, dicen que eres amable (si realmente supieran que para ti ser amable no es más que ser digno de ser amado!), dicen muchas cosas de ti, pero tú por tu parte piensas que eres sólo una persona más que lucha en el día a día por complacer a los demás, por tener todo listo, la comida, el aseo, todo.

Siempre te gustó dibujar, pintar, plasmar en un papel, un lienzo, una fotografía, todo lo que tus sueños susurraban sigilosos todos los días desde que eras niña, y sin embargo, desconocías tan colosales dones, no sabías si lo hacías bien, de hecho escribiste alguna vez que tu mayor temor era el fracaso, y sobre todo, la soledad. Ahora que lo pienso, efectivamente creo que siempre estuviste sola, bien dicen que la mayor soledad procede de las multitudes, y así estabas tú, estabas ya tan exhausta de todo, de la nada, y aún sin saberlo relucías inmaculada en medio de todo lo que te rodeaba... en medio de tanta adversidad, en el ruido de las personas que por supuesto no sabían lo que decían, basura para la que tú ya habías ensordecido hacía mucho tiempo.

con el paso del tiempo creció tu necesidad por ser escuchada, por recibir una palabra amorosa, ser acariciada, tocada, te ahogabas solitaria con todo lo que tenías para decir, y el mundo sin saberlo, ignoraba todo lo que tenías guardado en las entrañas, que custodiabas como quien guarda una piedra preciosa. (Cuánto daría hoy por haberte podido escuchar antes de que decidieras marcharte...)

Habrá sido por todo eso que te entregaste con tanto esmero a tus padres, tus hermanos, incluso a la iglesia, que creo que te confundía a ratos, pero se que la veías como un refugio. Estabas triste, te sentías sola, frágil, y no lo sabías, ellos tampoco...

Pasaban los días y tú seguías ahí, callada, solitaria, impresionabas indemne ante tantas dificultades, querellas, favores que no querías hacer y que finalmente hacías porque eras noble, y porque sabías que la nobleza te obligaba a hacerlo.

Ya muchas cosas habían cambiado y tu entereza ya no era la misma, el brillo de tus ojos se había marchado así como la abundancia de tu pelo, y llegaron ideas nihilistas que poco a poco se fueron apoderando de tu conciencia y de tus percepciones, sentías que el olor de tu piel había cambiado, no podías distinguir tu sonrisa de tu llanto, ya no querías comer, habías perdido peso, creías que ya el corazón se te había parado, así como se te fueron las ganas, la luz. Todo te daba lo mismo, muchas de las cosas que alguna vez quisiste ya no te importaban, incluso aquel amor que alguna vez tu alma y tus carnes ambicionaron en silencio, ya no significaba nada para ti...

Fue entonces cuando en una noche insomne, a mediados de noviembre, con la respiración entrecortada, el corazón en la garganta y las manos sudorosas que temerosas recorrían tu cuerpo por última vez, estabas determinada a darle fin a todo, no querías nada más que desaparecer, y con el valor que ni el más glorioso caballero pudo haber tenido en la más temible de las batallas, con una solemnidad absoluta, levitando entre mariposas de colores y aromas florales nunca antes percibidos, decidiste irte, sin avisar, y sobre todo, sin prisa, y en el momento menos esperado, saliste por la ventana de forma espectacular, como un montón de estrellas estallando en una inigualable supernova a millones de kilómetros de aquí, donde por fin eres libre, tan única, tan pura, como siempre quisiste, por encima de todo, del bien y del mal, más allá del cielo, custodiando el universo, y ahora lo sabes, aunque ellos no lo sepan aún... Te extraño, y no te imaginas cuánto...

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